En la época de la prepotencia enonomicista, en el estudio de la historia, se hablaba de Época colonial, luego de “pacto colonial”.
¿Habría que hablar también de “arte colonial”?, por solo citar un ejemplo del amplio espectro que encierra este paradigma que fosiliza el pensamiento.
Además, hablar de “período colonial” impregna de un cierto desprecio hacia aquellos tiempos, en nuestro caso, es la actitud que llevaron adelante los unitarios en su cosmovisión iluminista, y sus hijos en el siglo XX –en tanto proyecto iluminista-, los marxistas.
No ocurrió lo mismo en los USA, quienes se sienten orgullosos de su pasado, y no hicieron un “corte quirúrgico de amputación” que olvidara lo anterior a la revolución. No renegaron de su pasado británico, como los argentinos –en su mayoría- reniegan de su pasado hispano.
Colonial es aquel argentino granjero de un imperio en el siglo XIX, no aquel vasallo de reinos hispanos. Las cosas como son.
Los soberanos hispanos se referían a “reinos”, “dominios”, “provincias”, quienes los integraban en la Corona de Castilla. Colonias eran las posesiones extranjeras -inglesas, francesas, portuguesas-, ej.: “Colonia de Sacramento”.
En la época de los Borbones se comienza a hablar de colonias (merced a la influencia iluminista proveniente de Francia). Tengamos en cuenta que en aquel tiempo, la palabra colonia no tenía connotaciones negativas (consultar el sentido romano de “colonia”), eso vendría después en el XIX, luego asociado a genocidio, etnocidio, y demás cuestiones popularizadas por Galeano, y de la cual –me apena decirlo- historiadores profesionales han abrevado.
Esto sigue.
G. K.