
08/10/09, 09:48:51
| | Miembro senior | | Fecha de Ingreso: mar 2009
Mensajes: 518
| | Cita:
Originalmente Escrito por JoseAGarciaGonzalez Pero igual le estas dando enteidad al nombrarlo, es decir, estas creyendo que existe para poder negarlo. Es decir, tu negación no lo niega sino que lo reafirma.
Y, si te considerás 'blasfema' por pensarlo, es porque en verdad crees que en esa ideología religiosa hay algo de verdad, sino directamente no pensarías en ese dios nien las condiones de negarlo.
Saludos
José A. García | No lo había pensado así...muy bueno!! | 
09/10/09, 00:36:13
| | Miembro senior | | Fecha de Ingreso: feb 2009
Mensajes: 239
| | ¿De donde proviene el irracionalismo pacifista?
Habría que recordar algo que nos enseña la Historia, la paz (la verdadera paz) nunca provino de lloriqueos, ni de un romántico llamado a la no-violencia.
Además, desde la desaparición de la Cristiandad…..las guerras han sido cada vez peores. Las bajas civiles en las guerras mundiales del siglo XX son descomunales en relación a las guerras de la antigüedad o las del medioevo.
El arsenal bélico es capaz de destruir la civilización, y no solo eso, sino el mundo mismo y los planetas que anden cerca.
¿Qué surge de esto?: angustia, miedo, irracionalidad pacifista, en cuanto se pretende la proscripción de la guerra, marginando todo enunciado sobre si la misma es conforme o no a la justicia.
…porque ¿Qué causa habría de mover a esa proscripción si previamente no se la entendió como universalmente injusta?
¿Se imaginan un Don Quijote pacifista?
G. K. | 
15/10/09, 22:58:28
| | Miembro senior | | Fecha de Ingreso: feb 2009
Mensajes: 239
| | Escribe, Juan Manuel de Prada
300
No puedo resistirme a escribir sobre esta película. Se trata, sin duda alguna, de la mejor adaptación cinematográfica que nunca se haya hecho de un comic, pero también de una insólita experiencia visual, de una actualización gloriosa de la épica clásica y de un muy perturbador alegato contra la blandenguería vigente. Una subversión estética e ideológica de primera magnitud que causará a partes iguales rechazos y adhesiones encendidas, pero que a nadie dejará indiferente. Zack Snyder, su director, ha alcanzado el olimpo cinematográfico con esta adaptación de la magnífica novela gráfica homónima de Frank Miller, que recrea la célebre batalla de las Termópilas, donde Leónidas, Rey de Esparta, se inmoló en compañía de trescientos hoplitas, oponiendo resistencia al avance del multitudinario Ejército persa de Jerjes. La narración de este episodio, convertido a lo largo de los siglos en emblema de la resistencia de la civilización occidental frente a las huestes de la barbarie, la encontrará el lector en el Libro VII de la Historia de Herodoto.
Hemos calificado 300 de insólita experiencia visual. Se trata de una película de una imaginería entre bizarre y pulp subyugadora, en la que el tratamiento digitalizado de las imágenes logra crear un efecto a la vez arcaizante y megacool. Algo así como si un peplum de Riccardo Freda se hubiese agitado en la misma coctelera con la trilogía de El señor de los anillos. Como La corona de hierro de Blasetti, La Bella y la Bestia de Cocteau o Matrix de los hermanos Wachowski, 300 provoca en el espectador una suerte de hipnosis o rendición de los sentidos. La planificación siempre estupefaciente, el barroquismo onírico de ciertas secuencias, el uso constante del ralentí, la coreografía operística de los combates logran un efecto de suspensión de la verosimilitud que hace más eficaz y memorable la narración en off de la epopeya. Hacía mucho tiempo en que no veía una película con una narración en off de retórica tan descaradamente arcaica; pero el efecto nunca es prolijo ni distanciador, sino que logra zambullirnos en un clima épico que alcanza su clímax en la secuencia postrera, cuando Dilios, el hoplita al que Leónidas ha ordenado abandonar las Termópilas para que pueda convertirse en rapsoda de la gesta, arenga al ejército que se dispone a presentar batalla a Jerjes. Una arenga que adquiere para el espectador occidental una vigencia muy desasosegante, pues en ella se vindica la libertad alcanzada en la batalla, frente a la paz genuflexa de los esclavos.
Y aquí nos adentramos en el aspecto más polémico de 300, una película que obliga al espectador a confrontarse con todas las paparruchas que Occidente se ha inventado para justificar su claudicante decrepitud. Cuando Leónidas arroja a una sima al emisario de los persas que le propone un apaño indecoroso y lanza un grito de iracundo patriotismo («¡Esto es Esparta!»), resulta imposible no acordarse del llamado (las mayúsculas que no falten) Proceso de Paz. Y cuando los hoplitas espartanos se enardecen invocando el Honor y la Libertad, antes de arreciar sin piedad contra las huestes de Jerjes, vienen a la memoria las melifluas delicuescencias de la Alianza de Civilizaciones. Naturalmente, 300 ha sido tildada de apología fascista (mérito que podría compartir con Homero), aberración homofóbica [...] y otras lindezas de parecido jaez. No podía ser menos, tratándose de una película que, bajo una apariencia esteticista, provoca reflexiones tan incómodas. Gracias a ella, muchos jóvenes descubrirán (porque, por supuesto, en la escuela no se lo han enseñado) que hace dos mil quinientos años un puñado de hombres valerosos sacrificaron su vida en las Termópilas, defendiendo un ideal que la mentalidad contemporánea, tan cobardona, ha preferido enterrar; un ideal que tal vez los ayude a revolverse contra ciertas baboserías buenistas que se han convertido en catecismo de obligado cumplimiento. Los centinelas de la corrección política deberían prohibir la proyección de esta joya, antes de que se les acabe el chollo. | 
28/03/10, 14:00:46
| | Miembro senior | | Fecha de Ingreso: feb 2009
Mensajes: 239
| | 300. La iniciación. : 300. La Iniciación. Cuando el niño nació, como todo Cristiano fue examinado. Si hubiese nacido pequeño, zurdo, racionalista de alma incapaz de apreciar el poema de la Creación o raquítico de espíritu, enfermizo o deforme; habría sido descartado.
En cuanto pudo mantenerse en pie, fue bautizado en el noble arte del combate. Le enseñaron a no retirarse jamás, a no rendirse jamás. A que morir en el campo de batalla, al frente de la última carga de Caballería al servicio de Dios, era la mayor gloria que podía alcanzar en vida.
A los siete años, como era costumbre en la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires, el niño fue apartado de su madre, y sumergido en un mundo de violencia, un mundo respaldado por cientos de años de tradición, por una sociedad de guerreros, que forjaban los mejores soldados que jamás hayan existido: la Agoje, como se la conoce.
Obligaban al niño –llevado a la escuela estatal pública infestada de maleantes de toda índole- a luchar, a pasar hambre, al autosacrificio… y si era necesario, a matar a las criaturas malignas.
Castigado a golpes de vara y látigo, le enseñaron a no mostrar dolor, ni piedad; le ponían a prueba continuamente, y le abandonaban a su suerte, dejando que midiera su ingenio y determinación con la furia de los sofistas, zurdos, kantianos, hegelianos y demás carroñas, en la que se embebía la naturaleza academicista del Instituto que lo rodeaba.
Esa era su iniciación, lejos de la civilización.
Y volvería junto a su pueblo como Cristiano… o no regresaría.
El lobo rojo empieza a girar alrededor del chico, las zarpas implacables como el acero, el pelo negro como el azabache, los ojos ensangrentados, dos rubíes en la mismísima boca del infierno. El gigantesco lobo olfatea, saboreando el olor del inminente bocado.
No le sobrecoje el temor, simplemente es más consciente de todo cuanto le rodea; el aire, frío en sus pulmones, los pinos que mecidos por el viento se estrellan contra la apremiante noche. Su pulso es firme, su forma física perfecta, su Fe inquebrantable.
…¡Y así es como el niño, al que habían dado por muerto, regresa con su pueblo, a la sagrada Buenos Aires, como Rey!.
Es el que vuelve del exilio, y el que es anunciado por el soplo de un cuerno que resuena en la Comarca…” una larga llamada cuyos ecos resonaron en el valle. Otros cuernos le respondieron… De improviso, desde gran altura, se elevo un gran coro de trompetas; sonaban, se hubiera dicho, en algún sitio hueco, como si las diferentes notas se unieran en una sola voz que vibraba y retumbaba contra las paredes de los edificios de la ciudad…(a)” Así, el Rey retorno victorioso, templada su alma en la Fe, para enfrentar a la bestia roja que se aproxima, hambrienta y confiada en su hegemonía cultural, saboreando el inminente bocado.
G. K. | 
29/03/10, 01:09:36
| | Miembro | | Fecha de Ingreso: sep 2009
Mensajes: 180
| | que feo todo lo que escribís, pobre niño que sufrimiento en vano, pero no me quedó claro o te faltó agregar, en qué parte de la agoge actual es donde el pobre niño sufre de pedestía a cargo de los guerreros moralizantes como vos.
Patético | | Herramientas | | | | Desplegado | Mode Lineal |
Reglas de Mensajes
| Ud no puede publicar nuevos temas Ud no puede publicar respuestas Ud no puede adjuntar archivos Ud no puede editar sus temas Código HTML está Off | | | | |